
Así se presenta en muchas de sus entrevistas y conciertos el afamado cantante boricua Bad Bunny: no como un alias comercial, sino con nombre y dos apellidos, Benito Antonio Martínez Ocasio. Es un gesto que repite con insistencia y que, visto en perspectiva, funciona como una declaración de principios: dejar bien claras sus raíces latinas al margen de que su tierra natal, Puerto Rico, sea un Estado libre asociado a los Estados Unidos.
Desde que los organizadores del Súper Tazón —siguiendo con la españolización del evento— decidieron que el show de medio tiempo, uno de los espectáculos musicales más esperados del año, estuviera protagonizado por el artista, surgieron todo tipo de comentarios, positivos y negativos.
Por un lado, podía pensarse que se buscaba reconocer el peso de la comunidad latina en el mayor país del continente, donde hoy una de cada cinco personas tiene ese origen. Por otro, a muchos les sorprendía que, tratándose de un deporte tan estadounidense, se dejara de lado a otro perfil de artista más reconocible para la potencial audiencia angloparlante.
Basta ver las imágenes del estadio: salvo excepciones, el público que acudió en vivo apenas bailaba, cantaba e incluso ni entendía lo que sucedía sobre el escenario.
Musicalmente hablando, conviene decirlo sin rodeos, este análisis está en las antípodas de lo que representa Bad Bunny, de lo que interpreta y de otros sucedáneos aparecidos en aquella parte del mundo en los últimos años. Pero una cosa es el gusto personal y otra muy distinta el reconocimiento a una trayectoria y a una manera de administrar la fama. Hay que descubrirse ante la persona que es Benito Antonio: ha logrado transmitir al mundo lo que representa América en su totalidad y, con ello, lo latino.
El culmen fue la actuación del pasado domingo, pero desde hacía semanas convergían factores exógenos y otros inherentes a su persona que permitían anticipar que lo ocurrido no sería ni tan sorprendente ni tan extraño.
El contexto que lo empujó todo
Entre los factores externos hay que mencionar la caza de inmigrantes en Estados Unidos por parte de un cuerpo militarizado (ICE), acaudillado por un presidente autócrata y misógino, que alcanzó un punto máximo de ignominia y crueldad en Minnesota con la muerte de dos personas.
A ello se suma la nueva versión de la Doctrina Monroe —rebautizada en la conversación pública como «Doctrina Donroe»—, que vuelve a poner sobre la mesa el aforismo de «América para los americanos» y a considerar a todos los países al sur de Estados Unidos como el patio trasero del vecino del norte, con patente de corso para hacer y deshacer a su antojo. Venezuela, con la captura y detención de Maduro; Argentina, con un préstamo millonario a Milei; México y Colombia, con amenazas de intervención militar aduciendo redes de narcotráfico, son algunos ejemplos recientes de agresión, intrusismo o irrespeto hacia las comunidades y países latinoamericanos, donde los intereses personales y económicos se imponen sobre cualquier consideración geopolítica o estratégica.
Factores inherentes: el Grammy y el discurso
Pero el escenario también se construyó desde dentro. Días antes, el puertorriqueño recibió el Grammy al mejor álbum del año, siendo la primera vez que se reconoce a un artista latino con un disco cantado íntegramente en español. En su discurso destacó el orgullo que sentía por sus raíces y por poner «el amor entre las personas por encima del odio en toda América, y en especial en un país multicultural como el suyo».
La expectación y la afluencia de periodistas a la rueda de prensa previa al partido superaron, incluso, lo que en teoría era el tema central del evento: la final de la NFL, un espectáculo que solo en Estados Unidos ven más de ciento cuarenta millones de personas y que a nivel mundial supera los doscientos millones de espectadores.
Sumados todos esos elementos, a nadie debería caberle duda de que esos quince minutos podían convertirse en un escaparate para reivindicar quiénes somos los latinos y los hispanos, y para propinar una bofetada simbólica a quien, desde la ignorancia y el matonismo, deja en evidencia sus propios prejuicios.
Quince minutos que no fueron neutrales
También podría haber optado por una actuación políticamente correcta y ecléctica, capaz de contentar a todos, y nadie le habría reprochado nada. Sin embargo, Benito Antonio optó por alardear con orgullo de las bondades de su tierra natal y de todo el continente americano, nombrando uno a uno los países que lo componen: desde Chile hasta su querido Puerto Rico, para terminar lanzando el ovoide contra el suelo con rabia y diciendo: «Seguimos aquí».
Solo hubo tres guiños a la lengua del país anfitrión: el «God bless America», entendido como continente y no como país; la mención de «United States» dentro de la relación de naciones; y la participación de una artista extraordinaria y camaleónica como Lady Gaga, a la que no le habría importado cantar en español en esa fiesta latina.
Las claves del espectáculo
- Protagonista: Bad Bunny, nombre artístico de Benito Antonio Martínez Ocasio, nacido en Puerto Rico.
- Escenario: show de medio tiempo de la sexagésima edición del Súper Tazón, disputado el pasado domingo.
- Duración: alrededor de quince minutos, sin interrupciones ni invitados masivos.
- Reivindicación territorial: mención de los países de América, uno por uno, desde Chile hasta Puerto Rico.
- Cierre: la frase «Seguimos aquí» y el lanzamiento del ovoide contra el césped.
- Guiños en inglés: «God bless America», «United States» y la actuación de Lady Gaga.
- Vestuario: prendas de Zara, sin marcas de lujo.
- Antecedente inmediato: Grammy al mejor álbum del año, el primero para un disco íntegramente en español.
- Audiencia: más de 140 millones de espectadores en Estados Unidos y más de 200 millones en el mundo.
- Resultado deportivo: victoria de los Seahawks de Seattle gracias a su defensa.
El medio tiempo como plataforma global
El show de intermedio dejó de ser hace años un simple entretenimiento para convertirse en una de las plataformas de mayor alcance del planeta, con capacidad de mover audiencias, marcas y conversaciones políticas en cuestión de minutos. Por ese escenario han pasado artistas como Shakira y Jennifer Lopez en 2020, el bloque de hip hop encabezado por Dr. Dre, Snoop Dogg, Eminem, Mary J. Blige y Kendrick Lamar en 2022, Rihanna en 2023, Usher en 2024 y Kendrick Lamar en 2025.
La elección de un artista que canta en español no fue, por tanto, un capricho: es la constatación de un mercado y de una demografía. El español es la segunda lengua materna del planeta, con más de seiscientos millones de hablantes, y el poder de consumo de la comunidad latina en Estados Unidos se ha convertido en un factor decisivo para las grandes industrias culturales y deportivas.
Quién es Benito Antonio
Nacido en 1994 en Vega Baja, Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio pasó de subir canciones a plataformas independientes a convertirse en el artista más escuchado del mundo en los servicios de música en streaming. Su ascenso rompió varias reglas no escritas de la industria: nunca cedió en cantar en español, construyó una estética propia y convirtió su origen isleño en el eje de su discurso.
Con «Un verano sin ti» (2022) se convirtió en el primer álbum en español nominado a mejor álbum del año en los premios de la industria discográfica estadounidense, y con «Debí tirar más fotos» (2025) volvió a mirar a Puerto Rico, a la gentrificación, a la migración y a la identidad de la isla. Su posición sobre el estatus político del territorio y su defensa de la cultura boricua han incomodado a algunos sectores y lo han consolidado como referente para otros.
En esa línea se inscribe también su decisión de subir al escenario con prendas de Zara y no con marcas de lujo. Lo latino y lo hispano no es solo cultura, fiesta, mestizaje, empatía y simpatía; también es éxito empresarial sin fronteras.
El partido que nadie recordó
El día del evento, varias personas preguntaron qué partido se jugaba durante la actuación de Bad Bunny. Esa anécdota resume mejor que cualquier análisis lo que ocurrió: el deporte fue el marco y la música, el contenido. La sexagésima edición del Súper Tazón pasará a la historia no tanto por la victoria de los Seahawks de Seattle, gracias a su formidable defensa, como por ser el año en que Bad Bunny demostró, más que nunca, que por encima del artista está Benito Antonio Martínez Ocasio.
Mis respetos, Benito Antonio: los míos y los de una gran parte de los más de seiscientos millones de hispanohablantes que hay en el mundo y que nos enorgullecemos de presumir de dónde venimos. Te los has ganado con creces.
Source:Diario La República News
